El Amor

Una verdad que goza el ser humano, es que, al haber sido creado por Dios, a su imagen y semejanza (Gn 1.26), tiene la capacidad de vivir en el amor, o sea, de recibir, vivir y comunicar siempre benevolencia, que proporciona verdadera felicidad y es el camino a la perfección (Col 3,14).

Es necesario que comprendamos, que nacimos con la capacidad de amar, pero que no nacimos amando, así como un bebé, que nace con la capacidad de caminar, pero que no nace caminando, requiriéndose, además de esa gran capacidad, la motivación, voluntad, conciencia, ejercicio, colaboración, disciplina y perseverancia, que, con sentido de libertad y realización, lo lleve a aprender y a ejercer ese don, para vivir acertadamente, compartiendo ese don divino con el que contamos. Estos temas esenciales los podemos ver en el libro “Para Vivir en el Amor”, de Librería Paulinas, en donde el lector podrá tener la oportunidad de asimilar el don del amor, para hacerlo vida personal, familiar y social.

Para iniciar este proceso de aprendizaje, es saludable reconocer lo importante que es el amor en la vida de toda persona y comunidad, ya que el amor siempre nos da vida, valora, vitaliza, comunica bienestar, integra con los demás y nos induce a practicar gestos nobles para la armonía, gozo y desarrollo sano, que además nos lleva a la trascendencia como hijos de Dios.

Cuando optamos por el amor, empezamos a reconocernos como personas bien hechas por Dios, nobles, competentes e invitadas a realizarnos en lo mejor de lo mejor, que es el amor, que siempre es benévolo, y por lo mismo, nos lleva a aprender a recibir, a vivir, a corresponder, a compartir y a promover la vida amorosa, que bien podemos, en menor y mayor grado, identificar, aceptar y vivir, experimentando los múltiples beneficios y compañía que nos llevará a sentirnos verdaderamente bien, camino a toda clase de mejoría, salud y realización.

La humildad, la sencillez y el servicio es vital para poder vivir en el amor, siendo comprensible entender el por qué el Señor nos dijo: “Si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis al Reino de los Cielos (Mt 18,3), por lo que el niño no vive con orgullos, prejuicios, miedos, inseguridades, resentimientos y rechazos, que van cogiendo los adultos, quienes necesitan superar esas mentalidades cargadas de con un poco de heridas, para reempezar a pensar y actuar adecuadamente, viviendo sana, feliz y armónicamente; bien que sí es posible, al asumirse y desenvolverse como persona capaz de vivir en el amor, propiciando lo benévolo.

Toda persona, en la edad, lugar o condición que se encuentre, puede reconsiderar esta posibilidad, que le servirá para abrazar la dicha de vivir en el amor, gozando y superando todo, sin vivir aislado, sino en comunión. Si se quiere, se puede, y si se aprende, se logra, qué mejor que aprender para en verdad realizarlo y no dar por hecho algo que de pronto no se ha aprendido y que es vital aprender para estar bien, en todo aspecto y sentido, ya que el amor es total. Obra el bien y sabrás amar.