El proceso de nulidad matrimonial. Primera parte

Dios pensó en nosotros y nos creó a su imagen y semejanza para que podamos realizarnos como personas capaces de vivir, compartir, convivir y ayudarnos con los demás, en el amor, habilitándonos como personas sociables que podemos y necesitamos compartir nuestra vida con nuestros semejantes, especialmente con una pareja, con sentido matrimonial, pudiéndonos así donar él y ella, la pareja, de una forma real, sincera, íntegra, sagrada y permanentemente, como esposos, para además de formar pareja conyugal, tener la dicha de formar una familia (cf. Gen 1,26; 2,24), en la que todos y cada uno de los integrantes de la familia somos útiles para la compañía, el bienestar, la realización y salvación de todos, a ejemplo de la familia eclesial, de Cristo con la Iglesia (Ef 5, 31-32; 1 Cor 12, 18ss).

Como bien apreciamos, todas las personas nacemos con la capacidad, el deseo y la probabilidad de elegir, en su momento, el optar por el matrimonio Sacramental, o sea, en el señor (1 Cor. 7, 39), siendo propio de todo bautizado, que quiera casarse, el contraer matrimonio sacramental (canon 1057,2 Código de Derecho Canónico).

Es cierto que toda pareja desea que le vaya bien en su matrimonio, y ello es posible cuando se hace adecuadamente, esto es, con conciencia, voluntad, capacidad, preparación, decisión, común acuerdo, consentimiento matrimonial, compromiso y perseverancia, en el amor, forjando la historia del amor matrimonial y familiar que se convierte en un arte de saber convivir como cónyuges y familia.

Hay casos en los que lo anterior no llega a ser un hecho, acudiéndose por tanto al Sacramento del matrimonio en circunstancias difíciles, irregulares, impulsivas, ilusas, u otras situaciones confusas, sin la debida conciencia, ni voluntad, ni capacidad, ni preparación matrimonial, surgiendo, por tanto, situaciones críticas que hacen insoportable la convivencia matrimonial, por lo que se confirman irregularidades que vienen desde el mismo noviazgo y que no se logró abordar ni superar en la convivencia matrimonial, por lo que concluyen con la separación definitiva.

En esa realidad de esposos separados, la Iglesia nunca los rechaza, sino que les brinda la orientación y el apoyo para que, en lo posible, se reconcilien y ambos se comprometan para hacer los arreglos personales y matrimoniales, para darse esa gran oportunidad de hacer un hecho su realización matrimonial.

En casos en los que definitivamente se separaron y con el transcurso del tiempo se opta por reorganizar sus vidas ante Dios, ante sí mismos y ante los demás, pueden  recurrir a la Iglesia, que los acoge y ayuda en la aclaración sobre su fue válido, o no, el matrimonio sacramental que celebraron, por lo que la Iglesia, a través de los Tribunales Eclesiásticos, les brinda la oportunidad de poder iniciar allí un Proceso de Nulidad Matrimonial, para que, si llegan a probar que sí se evidenciaron irregularidades o causales de nulidad matrimonial, se declare que ese matrimonio no fue válido y que si las Partes desean contraer ahora sí válidamente, lo puedan hacer, habiendo aprendido de esa experiencia, para no reincidir en irregularidades, por lo que quedan libres y habilitados para poder casarse Sacramentalmente.

En adelante iremos dando aspectos básicos sobre este tema, teniéndose como fundamento el folleto titulado “Proceso de Nulidad Matrimonial” editado por la librería San Pablo.

Partimos diciendo que es un Proceso Jurídico de índole eclesiástico, en donde, en los Tribunales Eclesiásticos, se acoge a uno o a ambos contrayentes que ponen la demanda de nulidad matrimonial para que se les dé respuesta sobre si su matrimonio fue celebrado válida, o inválidamente.

Aunque Dios, al crear la Iglesia, le dio autoridad: “Lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo” (Mt 16,19), la Iglesia siempre respeta el mandato divino de: “Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre” (Mt 19,6), por lo que nunca anula el matrimonio válido, sino que, tras un estudio minucioso en la demanda de nulidad matrimonial instaurado por los contrayentes, o uno de ellos, en los Tribunales Eclesiásticos, da la respuesta sobre si el matrimonio es válido, o nunca se celebró como es debido, o como la Iglesia lo enseña, esto es, realizando los contrayentes actos esenciales y celebrándose debidamente.

Se aclara, que no se está demandando a los contrayentes, sino que se impugna es la celebración del matrimonio (si fue válido, o no), siendo la clave decir la verdad (de una forma clara, concreta y contundente, con hechos, argumentos y pruebas).

Seguiremos dando los temas pertinentes sobre el Proceso de Nulidad matrimonial.

Conozca otras obras del autor en Editorial San Pablo y Ediciones Paulinas.