El Respeto

Es la práctica sana de tratarse y tratar todo con dignidad, por lo que la persona está atenta a ser honrosa, justa, amable y edificante, sin indiferencias, ofensas, burlas, degradando o rebajando la dignidad moral de una persona o la categoría moral de una cosa.

Qué mejor que ser respetuoso y tener presente que cada cual da de lo que tiene y que cuando la persona respeta, manifiesta que se respeta, e igualmente, cuando irrespeta, muestra que no se respeta a sí misma. Quien se valora, valora todo, en su justa proporción.

El respeto es una virtud que toda persona puede practicar y que le sirve en su desarrollo personal, familiar y social, teniendo en cuenta que todo lo creado por Dios, como por ejemplo su mismo ser y el del prójimo, son algo dignos y merecen respeto, estando llamado cada quien a una relación interpersonal, la cual puede ver, emprender y llevar a cabo con los valores que tiene y que puede practicar, para provecho y crecimiento íntegro personal y común.

Toda relación sana entraña una afinidad de sentimientos, afectos, valores e intereses que favorecen el mutuo respeto, ésta debe aprenderse y practicarse en toda etapa de la  vida y en toda ocasión para poder tratarnos y convivir humana y adecuadamente, en  una forma sana que brinda bienestar.

¿Cómo fomentamos el respeto? Valorándonos a sí mismos y a los demás,  obrando acorde a ello, siendo auténticos. Toda relación y trato social es auténtico si se funda en el respeto, debiéndose observar siempre el buen uso de la libertad o correcto actuar, a riesgo de obrar inadecuadamente. Recordemos la regla de oro: “Trata a los demás, como te gustaría que te trataran” Mt. 7, 12.

El verdadero amor siempre implica respeto, por lo cual es saludable el que toda persona esté atenta a acatar el juicio recto de su conciencia, presto a actuar coherentemente y a corregir posibles juicios erróneos que puedan inducir al irrespeto.

Quien valora todo como en verdad es, comprende por qué se debe respetar, se respeta a sí mismo y por ello respeta a los demás, descubriendo lo indispensable que es valorar, en particular a su mismo ser para así poder mantener una buena autoimagen y un trato adecuado que promueva el sano desarrollo y la ayuda mutua; prácticas sanas, métodos, sentido y frutos que se pueden profundizar en el bolsilibro El Respeto, editado por la librería San Pablo.

Es muy importante el tener presente que el respeto siempre es primordial, por lo que es vital practicarlo y fomentarlo, siendo conscientes que cuando se está observando este valor cristiano se está participando en la edificación personal y mutua, y que por el contrario,  cuando se deja de practicar, todo empieza a perderse.

Si la persona no respeta la dignidad propia y ajena, se degenera, y por sus inmoralidades es responsable de los daños que ocasiona a su ser y a los demás, demostrando la urgencia que tiene de dejar sus erróneos enfoques y de reconsiderar el mal encaminamiento consigo misma y con su pareja, ya que la mentalidad y el trato no es el adecuado y tarde o temprano se perjudicará. ¿Cómo trato y/o me tratan día a día? Cada día es una oportunidad para renovarnos y actuar mejor.

Como todo valor cristiano, el respeto no es una imposición, sino una invitación para bien de todos,  debe ser valorado, practicado y promovido por toda persona y comunidad, a riesgo de sufrir las consecuencias de su omisión: malestares.

Una vez que se comprende que toda valoración y amor lleva al respeto, en toda ocasión se podrá practicar con responsabilidad esta virtud y se logrará siempre grandes avances, amistades y buen ambiente en donde quiera que estemos. El respeto es fundamental en toda persona, familia y Comunidad. Practiquémoslo.

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