La familia es parte importante de la Iglesia Católica

En días pasados se dictó en la ciudad de Bogotá el curso sobre matrimonio y familia a la luz de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia, dirigido particularmente al cuerpo presbiteral de la Arquidiócesis de Bogotá y sacerdotes de otras partes del país, entre el 31 de julio y 1 de agosto con el Decano de la Rota Romana, S.E. Mons. Pio Vito Pinto, es decir, el Vicario Judicial del gran Tribunal de Apelación de la Santa Sede. Fue interesante escuchar de su voz las reformas y la razón por la cual se vienen implementando.

Lo primero es que hay una crisis evidente, cada vez menos matrimonios y muchos divorciados, situación que afecta especialmente a la Iglesia. Afirmó Monseñor Rubén Salazar que “La Iglesia empieza a vivir y a existir en la familia y por lo tanto la preocupación de nosotros, pastores, tiene que ser permanente, que nos permita atender a la familia en todos los momentos, atenderlos desde el noviazgo y a lo largo de toda su vida matrimonial. Hay que implementar una pastoral familiar que responda a esas circunstancias, que responda a esos desafíos. Amoris Laetitia hay que mirarla en conjunto para no absolutizar puntos aislados. La familia es esencial para la vida de la sociedad especialmente para la vida de la Iglesia.” Mons. Pio Vito refiere: “El corazón abierto de Francisco pone el dedo en el corazón abierto de Cristo. La línea es arrepentimiento y misericordia.”

Invitó Mons. Pio Vito a los sacerdotes a “que demos el primer paso, a intervenir sobre la familia enferma y que los sínodos sobre la familia se conviertan en el oxígeno de las parroquias. El Papa dice que el mundo se está decayendo por la familia. Hemos silenciado la fuerza del Sacramento. Es una ofensa al Espíritu Santo cuando se destruye la familia.”

Entender que todos hacemos parte del pueblo de Dios nos indica que ninguno puede ser excluido por su condición particular; hay que acompañar ante todo. Monseñor Pinto, en palabras del Papa Francisco, llama a su peregrinar, “una cruzada de la Iglesia por el catecumenado matrimonial como sacramento permanente, catecumenado permanente, que es el “camino hacia la plenitud del matrimonio y de la familia a la luz del Evangelio”. La boda es solo un momento, después está toda una vida matrimonial.” Es esencial en este catecumenado, el discernimiento, porque la vida de la pareja es un camino que renueva cada día la unión entre ellos y Cristo. Hay que recuperar la parroquia como el lugar donde la familia se reúne y donde ella es Familia de familias, para que cada familia sea la iglesia doméstica que debe ser. La parroquia es el lugar de la Iglesia y el obispo encuentra a sus fieles en ella. En la parroquia se cumple el catecumenado.

Entre las reformas que ha hecho el Papa Francisco es descubrir al obispo como sacramento, entendiéndolo como signo visible de Cristo que realiza la voluntad divina de que todos los hombres se salven por medio de la Iglesia, y lo invita a que él, por la gracia conferida en su ordenación episcopal, sea juez nato y dirima ciertos casos de nulidad matrimonial, proceso al que llama brevior y en el que por decisión del obispo las personas no tienen necesidad de llevar su caso al proceso ordinario. Este proceso no debe ser mayor en duración a un mes. Si de lo contrario el obispo lo considera, porque su conciencia moral no está segura, puede remitir los casos a procesos ordinarios y son presentados a su Vicario Judicial, a quien le recuerda que no es un miembro del estado sino un miembro de la Iglesia de Cristo, para que los lleve a término. Los párrocos, quienes son los primeros en escuchar a los fieles y los conocen, envían de acuerdo al caso, ya sea al Obispo o al Vicario judicial. “Los estados quieren reducirnos a una fuerza humana”, pero más allá de la parte jurídica está la sacramental. No quiere decir que se sacrifique la verdad y la justicia por la misericordia, pero sí que se eviten los abusos, excesos o tramitología que se pudieron vivir y evitaban que las personas pudieran acceder, con justa causa, a tener la nulidad matrimonial. El Papa Francisco afirma que el Sacramento necesita la fe para que sea eficaz.

De hecho, es un tiempo de transición que también puede tener sus riesgos, pero en diferentes épocas de la historia de la Iglesia, el Espíritu Santo ha suscitado cambios grandes para ajustar la balanza en periodos de crisis, así como lo hizo en el tiempo de san Francisco de Asís. Afirmó Monseñor Pio Vito “La vida consagrada es inspirada por el Espíritu Santo y ha sostenido a la Iglesia en el segundo milenio. Han mantenido el depósito de la fe.”

Hay un tema muy relevante también y es la “conciencia” que se debe tener cuando se pide la nulidad matrimonial y nos podríamos preguntar si no hay conciencia en el noviazgo y tampoco en el matrimonio, ¿cómo puede haberla para pedir la nulidad?. Bueno, este es un punto que también genera interrogantes porque hay que ayudarlos a obtenerla, “el pastor debe entrar en la conciencia para que sea iluminada por el Espíritu, sin violentar” explicó Mons. Pio Vito y esto implica la responsabilidad que se tiene con las personas para que ellos logren alcanzar la conciencia, lo que llevaría más tiempo de lo que se ocuparía en un proceso. Y en medio de tanto caos al interior de la persona humana y la familia con su poca adhesión a Jesucristo, no será posible resolver este tema, en particular, en un tiempo limitado, tratando de imponer la conciencia sobre ellos. Es un riesgo quizás, pero nadie es juez de nadie, al final Dios es el justo Juez, y la conciencia, que es lo más sagrado del hombre y donde habita Dios, llegará para cada hombre en algún momento y éste será donde ella le hable en su intimidad.

No obstante, en la lectura del discernimiento profundo, sí queda una misión preponderante en la evangelización que podrá transformar verdaderamente lo que hoy estamos leyendo en los signos desconsoladores de estos tiempos. Afirmaba Monseñor que la familia no puede esperar, no se puede condenar, ni mandar al infierno a la mitad de la Iglesia; hay que acompañar, discernir e integrar en la vida eclesial. Si bien la absolución en oportunidades no es posible, los confesores deben tener un corazón abierto y compasivo, explicando cómo hay tantos que sufren igual que él, pero que encuentran una oportunidad de iniciar un camino de conversión. “El corazón herido de Cristo ha sufrido mucho por no haber parado a Judas antes de haberse suicidado”, y expresó también Mons. Pio Vito, la conciencia de la Iglesia empieza por sí mismo.

Monseñor Pinto enunció que la Iglesia nace con el matrimonio, la familia y la transmisión de la fe y recalcó asiduamente que la transformación que hoy se vive en la Iglesia viene del corazón de Dios.

Es un tiempo exigente donde se llama a todos, especialmente a los obispos, a ser “novicios”, (periodo de discernimiento donde viven el silencio, la humildad y la mansedumbre que viven cuando son seminaristas y antes de profesar), porque si no entramos en este catecumenado no vamos a salvar la familia. Es el Espíritu el que guía el noviciado. Imitar a María porque ella es grande y ha conocido los muros de la resistencia. Aunque no entendía se dio, en silencio, al Espíritu Santo. Todos al “servicio” porque las familias son la alegría de la Iglesia. E hizo ésta sugerencia: Hagan peregrinaciones a santuarios marianos. Y para terminar esta oración que pronunció: “Madre ayúdanos, enséñanos a depender, a todos, de la docilidad al Espíritu Santo”. Amén.

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