La esclavitud, ¿Cadenas del ayer?

Cuando se habla de esclavitud, nuestra mente espontáneamente se traslada en el tiempo posiblemente a los momentos de la conquista y la colonia, cuando un grupo de personas por su color de piel, pertenencia geográfica, eran considerados seres que debían, y no de la manera más educada y humana, prestar un servicio a un grupo de personas, que parecían tener la potestad de ejercer un poder. Es decir, el que una persona realizara lo que otro decidiese, sin poder hacer cosa contraria a lo que deseara o quisiera. Al relatar lo anterior, surge o aparece la imagen de seres humanos, portando en sus pies unas cadenas gruesas, provocando gran dificultad en su caminar y a la vez, en nuestro tiempo, gran indignación por su trato inhumano.

Ahora bien, ¿Qué significa la palabra esclavitud? Según la real academia de la lengua española hay cuatro sentidos para esta palabra; para este caso mencionaremos las tres primeras. La primera nos dice que “es un estado de esclavo”; la segunda que es una “sujeción rigurosa y fuerte a las pasiones y afectos del alma; y la tercera, es la “Sujeción excesiva por la cual se ve sometida una persona a otra, o a un trabajo u obligación”. Ante este panorama de definiciones, nos permite vislumbrar un horizonte más amplio de lo que significa la palabra esclavitud.  He de mencionar y aclarar dos palabras que contribuyen a esta amplitud de visión y a la vez, llaman mi atención. Estas palabras son “riguroso” y “excesivo”. La primera podría dársele un sentido en la intensidad que una pasión o afecto está presente en nuestro vivir. Un ejemplo podría ser las envidias extremas dentro de las familias, las cuales se viven al límite y hacen tanto daño a la convivencia con nuestros seres queridos. La segunda palabra, hace relación a la cantidad que se dedica a algo. Por ejemplo, se es esclavo de las redes sociales o del uso de la Internet, al dedicarles bastante tiempo, descuidando a aquellas personas con las cuales compartimos e interactuamos, conllevando a que nos sintamos extraños ante nuestra propia familia.

Considero que un problema de nuestro tiempo es sentir que el tema de la esclavitud es cosa del pasado, entendida como la libertad coartada, desde un plano físico, por otro ser humano, y dejar de ver que hay otros medios que son inducidos a nuestras expectativas, ilusiones, ambiciones, preocupaciones, pasiones, hacia personas, grupos, actividades que están teniendo influencia en nuestro pensar, sentir y actuar. De las cadenas gruesas visibles, se han pasado a unas de mayor calibre, pero con la característica peculiar de ser invisibles a nuestros ojos. Las ideologías que promueven el egoísmo, el individualismo son cadenas muy pesadas que nos atan y no permiten la vivencia plena y enriquecedora de nuestro existir. Sensaciones de soledad, vacío y agobio son fruto de estas cadenas. En tanto que El amor, palabra consentida de Jesús, es un camino de encuentro, de apertura, de libertad con el otro, que rompe cadenas, y une corazones.

Por: William Padilla G. – Psicólogo y filósofo @willycarpediem