Parroquia El Señor de Las Bienaventuranzas

“Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación. La reforma de estructuras que exige la conversión pastoral sólo puede entenderse en este sentido: procurará que todas ellas se vuelvan más misioneras, que la pastoral ordinaria en todas las instancias sea más expansiva y abierta, que coloque a los agentes pastorales en constante actitud de salida y favorezca así la respuesta positiva de todos aquellos a quienes Jesús convoca a su amistad.” E.G. 27

Este sueño del Santo Padre, se convierte para nosotros en un reto y en una posibilidad que ya estamos alcanzando. ¿Qué estás haciendo tú como católico para vivir este sueño del Santo Padre? Ciertamente en el Señor de la Bienaventuranzas hemos aprendido a vivir en constante disponibilidad de salida, desde aquellas reuniones y Eucaristías a la intemperie, pasando por la Tienda del Encuentro, aprovechando la generosidad de quienes nos acogen para reunirnos y proclamar: “Aquí estoy Señor para hacer tu Voluntad”.

Hoy nos podemos encontrar en el Oratorio del segundo piso, en la Capilla de la terraza del Centro Comercial Gran Estación o en la sala de nuestro apartamento, con la certeza que la nuestra es una parroquia viva, que llevamos siempre con nosotros; que Tu y Yo Somos la parroquia, estemos donde estemos, Bienaventurados, felices de poder ser para el mundo en Jesucristo Sal de la tierra y luz del mundo.

Con el corazón renovado, sintamos que estas acciones son medios y recursos que Dios inspira y acompaña; anima y sostiene. También te invitamos a que te unas a alguna de estas acciones y en ella verás que puedes aportar mucho, dar lo mejor que tienes, tu tiempo, tu experiencia, talentos, belleza, corazón y por eso ¡Caminemos juntos!

Ven, únete ¿en qué quieres participar? Hagamos de nuestra parroquia eso que el Papa nos dice y a lo que nos anima con alegría. Vamos, piensa en tus virtudes, los dones que Dios te ha regalado, ¿ya sabes en qué eres bueno?, ¿podrías poner esos dones al servicio de tu parroquia?

Digamos juntos y con el alma:  ¡Tú y Yo Somos Parroquia!

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