Visita desde El Vaticano. Un paso, de Pedro a Francisco

Mucho se habla por estos días de la Santa Sede y de la Ciudad del Vaticano. No es para menos.

La venida de un Papa, por tercera ocasión, a Colombia, es noticia. Una muy poco común.  Tanta información al respecto -y desinformación-, genera en los medios, y en conversaciones informales, confusión entre los términos Ciudad del Vaticano y Santa Sede… Confusión porque no son lo mismo… Pero se habla de ellos como si fueran sinónimos.

Para empezar, ni la Ciudad del Vaticano es una ciudad como tal, ni la Sede Santa es, simplemente, una sede…

La Ciudad del Vaticano es un país.

¿Un país dentro de otro país?… Sí.

¿Una especie de ciudad dentro de otra ciudad?… También.

La Ciudad del Vaticano está situada en el corazón de Roma, y es el país más pequeño de Europa: 44 hectáreas de extensión, sin salida al mar, un enclave dentro de la capital itálica. Es como si en Bogotá existiera un pequeño país autónomo…

Y esta es tan pequeña que la sola Basílica y la Plaza de San Pedro ocupan el 20 por ciento de todo su territorio. Es uno de los seis microestados de Europa, declarado por Patrimonio de la Humanidad, y el territorio independiente más urbanizado del mundo a la vez que el estado soberano menos poblado: unos mil habitantes, con una tasa de alfabetización del 100 %.

El italiano es el idioma más hablado.  Es el único país con latín como lengua oficial, y la Radio Vaticana transmite diariamente en más de 30 idiomas.

Es el único país sin hoteles, pero visitado diariamente por unos 40 mil turistas. Especialmente por la Basílica de San Pedro, la iglesia cristiana de mayor tamaño en el mundo: mide 193 metros de largo. Y por los Museos Vaticanos, donde está la famosa Capilla Sixtina.

Así es la ciudad-país donde vive el Papa. Y la que alberga a la Santa Sede, la máxima institución de la Iglesia Católica, que recibe ese nombre por ser la estructura a cargo del Papa que incluye las instituciones de la Iglesia Católica.

Para que este organismo y el Papa pudieran tener independencia sobre cualquier otro poder externo se creó en 1929 la Ciudad del Vaticano. Así, el Papa es al mismo tiempo cabeza de la Iglesia y soberano del Vaticano.

La Santa Sede la forman entonces el Papa y los distintos organismos de la Curia Romana, que apoya al Papa en su gobierno de la Iglesia. Unas 180 naciones mantienen relaciones diplomáticas con la Santa Sede. Una sede que va más allá de ser un ente de gobierno enmarcado en una ciudad-estado.

Porque la Santa Sede, además de sede, es la piedra sobre la cual Jesús eligió a Pedro para construir la Iglesia, la roca que hoy el Papa Francisco, revestido de humildad y entrega, pule y moldea con sus enseñanzas y palabras de cristiandad. Él sabe bien qué significa el designio de: “apacentar y gobernar”; dos verbos difíciles de conjugar en estos tiempos en el mundo entero. Y Colombia no es la excepción.

Nuestro país recibirá al Papa este 6 de septiembre. Un país, de la Virgen de Chiquinquirá, hermoso, privilegiado y capaz. Pero necesitado de actos y discursos certeros y sinceros; de palabras cálidas pero contundentes; respetuosas pero directas. Un país que clama y espera respuestas terrenas pero que lo que más necesita es preguntarse y reconocerse, perdonarse y renovarse, amarse y transfigurarse.  Necesita ubicarse dentro de los cuatro puntos cardinales de: esperanza, perdón, amor y paz. Y labrar dentro de ese territorio su camino… Cimentar la piedra, aquella con la cual el Papa Francisco construye y nos invita a que “Demos el Primer Paso”.

Beatriz Saravia Krohne

Imagen de http://www.abc.es